Empezaré por decir que doy por hecho que el bien y el mal existen. Veo que el mal existe porque existen guerras, matanzas y odio. Veo que el bien existe porque de una forma u otra los seres humanos buscamos sobrevivir juntos, y lo hemos hecho hasta ahora.
El bien y el mal existen, y el cielo y el infierno son estados mentales que nosotros mismos ideamos, construimos y decidimos habitar. La pregunta aquí es cómo evitamos vivir en nuestros infiernos personales, si es que realmente queremos evitarlo... en concreto, ¿cómo podemos enfrentar al mal?
Esta pregunta ha existido desde la antigüedad, y muchos han tratado de darle respuesta. Una antigua rama del budismo creía que la única forma de enfrentar el mal era no conocerlo en abosoluto, cosa que llegó a convertirse en un proverbio: Mizaru, Kikazaru, Iwazaru. No ver, no oir y no hablar del mal, es la salvación de éste.
Al saber esto, no pude evitar pensar en la versión de Perrault de "La caperucita Roja" que nos muestra a una niña tan inocente que, por no conocer el mal, es devorada por el lobo y no hay nadie que la rescate. Podrán decir decir que es sólo un cuento, pero refleja la realidad de Europa a finales del siglo XVII, pobre y devastada por las guerras. La gente había visto mucho sufrimiento y se preguntaba por qué le pasan cosas malas a la gente buena. Este cuento podría ser una respuesta: su ingenua bondad había sido su propia perdición.
Yendo más allá, creo que no conocer el mal implicaría una falta de conciencia. Si no conocemos el mal, no conocemos las malas consecuencias de nuestros actos, pero eso no quiere decir que esas consecuencias no existan.
Cabe aclarar que no veo a la conciencia como aquello que nos hace sentir culpables después de hacer algo malo, si no como aquello que nos detiene antes de hacerlo. La conciencia nos dice que nuestros actos tienen consecuencias, y de ahí podemos decidir entre seguir o no seguir. Podríamos elegir siempre el bien, pero no lo hacemos porque somos un montón de bestias guiadas por deseos y ambiciones egoístas, y es gracias a que tenemos una conciencia que podemos aspirar a una vida que no esté llena de maldad.
El mal, tanto como el bien, forma parte de todos nosotros, pero eso no quiere decir que nos dejemos consumir por él. Tenemos la opción de enfrentarlo, y podemos hacerlo mirándolo a la cara, todos los días... frente al espejo.
¿Cómo puede alguien mirar al mal de frente sin que lo consuma?
miércoles, 13 de febrero de 2008
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